EL Proyecto
El proyecto de edificación que el pueblo de Cartagena dedica á la cultura pública está dispuesto para dos escuelas graduadas, y la organización que se dará á éstas es la que corresponde al orden determinado por los principios en que las mismas están fundadas. En nueve magníficos salones se dispondrán dos grupos escolares de cuatro clases y un quinto grado común á ambos. Cada una de estas secciones estará dirigida por un profesor que aplicará directamente su actividad á una masa homogénea de alumnos.
Supongamos, para fijar con exactitud este proyecto de organización, una forma gráfica, que no puede ser otra que un ángulo: en los extremos de éste habrá dos secciones de párvulos; en cada uno de los lados, tres elementales graduadas; en el vértice, una superior. Seiscientos niños, distribuídos en estas clases según las indicaciones de un programa, recibirán instrucción y educación integral. El trabajo así dividido tendrá una orientación progresiva, el vértice; cada paso en este sentido significará un círculo más extenso de enseñanza y un grado más completo de cultura. Recibir al niño en la escuela de párvulos y dejarlo en la superior, de donde saldrá hombre en el sentido pedagógico. Hé aquí todo.
Este tipo de organización es el que mejor responde á los principios fundamentales de la ESCUELA GRADUADA. Dos grupos en un mismo edificio, relacionados por un mismo programa y por iguales fines, significa un doble número de recursos para conseguir la formación de secciones con homogeneidad física y psicológica; significa también un mayor concurso de profesores en la obra de la enseñanza y una aplicación más extensa del material científico. De todas estas bondades -que permiten una labor ordenada, sencilla, educativa, fecundísima- puede esperarse el éxito más seguro y completo.
Hemos visitado las escuelas graduadas en el extranjero y hemos procurado robustecer las primeras impresiones con el estudio de esta especial organización. No vamos, pues, á lo desconocido; pero conviene que usemos de una gran prudencia para no dejarnos dominar por exagerados optimismos. Es éste un temor nuestro contra el cual estamos apercibidos y que tiene su fundamento en los naturales deseos de regeneración escolar que llena por entero nuestras almas. Vivimos años y años en nuestras viejas escuelas, escasas de medios materiales y pobres, muy pobres de espíritu moderno; á ellas llega la savia del progreso pedagógico de otros pueblos y en ellas se esteriliza, se extingue, se muere; desde nuestras tumbas hemos sentido la vida resplandeciente y espléndida, y al dejar sus muros obscuros y fríos no queremos encontrar de nuevo la muerte en un exceso de vitalidad. Marcharemos despacio, pero en firme y sin retrocesos.
La calidad y cantidad de la enseñanza en estas escuelas es cuestión que se tratará después, con datos seguros y estadísticas demostrativas. Hoy sólo podemos manifestar las inclinaciones de nuestra voluntad, decididamente resuelta á la rectificación de todo aquello que en nuestras costumbres escolares está en oposición con el espíritu de la pedagogía moderna.
Limpiándonos de toda rutina y de todo espejismo teórico, mirando á la realidad, y sólo á la realidad, aspiramos á que estas escuelas sean como un resumen de la vida y la génesis de una sociedad inteligente y moral; de una sociedad de cuerpo fuerte y de alma grande y moderna, que ame el trabajo, el progreso, la libertad y el orden... que mire al cielo de donde vienen todos los puros y nobles ideales, y adonde van todas las infinitas esperanzas, pero que no desprecie la tierra que Dios ha dado al hombre para que en ella practique el bien. Hemos pedido mucha luz y mucho aire, salas con lavabos y cuartos con baños, un gimnasio y grandes patios con galerías cubiertas para juegos infantiles, y así como procuramos todo aquello que es indispensable al desarrollo físico del niño, no le negaremos ninguna condición necesaria á su cultura psicológica. Cuando la escuela sea pequeña e insuficiente para la obra de la enseñanza, iremos al campo, á la ribera, á la mina, á la fábrica, donde quiera que esté la vida y podamos utilizar ideas, sentimientos, energías aprovechables á la educación.
Nuestro ideal es sencillo, fácil, realizable: fundándonos en la propia naturaleza humana, dirigiremos la evolución integral del niño para que concurran todas su facultades en una finalidad educativa. El principal interés de esta labor ha de consistir en abrirle horizontes, en señalarle caminos, en preparar y orientar sus potencias para que marche seguro, con propias y personales iniciativas, á la realización de su destino. Sólo así haremos del niño de la escuela el hombre de la sociedad, dispuesto para vencer en la lucha, que significa la existencia.
Para realizar este ideal, aceptado por nosotros con alteza de pensamiento y con muy decidida voluntad utilizaremos todos los medios que armonicen con los fines que á las escuelas españolas le señalan las actuales circunstancias; pero ni por nuevo ni por extranjero implantaremos lo que no traiga la recomendación de un detenido estudio y las pruebas de una segura utilidad. Llegamos tarde, pero con la experiencia que nos proporcionan otros pueblos, los cuales alcanzaron un positivo progreso escolar, después de aprender muchos años en infecundas novedades y en continuas rectificaciones.
Aunque en muchas cosas imitaremos las prácticas seguidas en aquellos establecimientos de enseñanza que gozan de merecido prestigio, nuestro sistema no será de imitación. Aspiramos á que estas escuelas tengan una personalidad modestísima, pero suya. Buscaremos las enseñanzas de los libros, procuraremos vivir en constante comercio intelectual con los centros de mayor autoridad pedagógica; pero el éxito de nuestras aspiraciones lo fiamos principalmente al estudio que hemos de hacer en estas grandes escuelas. Ellas, dispuestas para una cultura integral, con sus poderosos medios educativos y sus seiscientos alumnos, serán nuestro libro predilecto y nuestro laboratorio de experimentación. Los grandes maestros aprendieron á formar cerebros bien organizados y corazones radiantes de bondad en las prácticas de una observación directa y ordenada, y nosotros orientamos nuestra voluntad.
Hay en nuestras almas un fervoroso culto á la pedagogía escrita y un grande y sincero respeto á los hombres que trabajan para perfeccionarla; pero no queremos que aquel culto llegue á la idolatría y este respeto á la servidumbre. Entraremos en estas escuelas libres de preocupaciones, sin prejuicios científicos y sin exclusivismos sectarios, y dejaremos en sus puertas muchas teorías que no han descendido, ni descenderán nunca, desde las alturas del idealismo á las realidades de la vida. Edificaremos ahondando primero en la línea de los cimientos, levantando después sobre robusta base la obra de la cultura general.
Y esta conducta que en modo alguno significa el más débil desprecio á la ciencia, sino nuestra profundísima certeza de que la hemos de encontrar en la escuela más clara y más útil que en los libros-, conducta que sería conveniente en otros pueblos de mayor progreso, en los cuales se va resueltamente á la formación del maestro en establecimientos dispuestos para un estudio práctico y personal, es en nosotros una necesidad imprescindible; porque hemos producido muy poco á cambio de imitar mucho; y en esto, como en otras cosas, vivimos en la penumbra, en la obscuridad casi, bajo los miles de hojas impresas que nos arroja el progreso desde el otro lado del Pirineo.
Y después de estas afirmaciones, ¿qué plan daremos aquí?. Empresa fácil sería para nosotros, como para el último maestro español, sobrados de proyectos irrealizables y de modelos encasillados, que sólo hay que llenar con notas tomadas en índices pedagógicos, la de formar con recortes de libros y revistas un modernísimo plan de enseñanza; pero en tal caso, dejaríamos sentado que no renunciábamos al falso procedimiento de fabricar en el aire, y que nuestras voluntades no estaban dispuestas para una labor seria.
El Eco nos pide un plan y, como nosotros queremos complacer al distinguido periódico, hemos de darlo. Es muy sencillo, y significa más, mucho más de lo que apreciaría la mayoría: nuestro plan consiste en no tener ninguno. Disponemos de voluntad, de entusiasmo y de fe en el porvenir; entraremos en estas escuelas como obreros que desean trabajar y aspiran á producir. El tiempo dirá lo demás>>.
LOS MAESTROS PÚBLICOS DE CARTAGENA
Cartagena, octubre de 1900
EL
ECO DE CARTAGENA
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